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Entrevista a Dan Brown
Entrevistas - Entrevistas
Escrito por Sergio Pérez Diáñez   
Miércoles, 18 de Noviembre de 2009 09:57
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Desde su refugio en Exeter, su pueblo natal, Dan Brown ha digerido el éxito de 'El Código Da Vinci' con un saludable alejamiento. Seis años ha tardado en concebir su nueva novela, 'El símbolo perdido' (Planeta), y seis segundos le bastan para romper el hielo en español, contar lo mucho que le gustó la Semana Santa en Sevilla y entrar al trapo del Opus Dei.

Caen las hojas en los bosques de Nueva Inglaterra y tiemblan las librerías con el regreso de Robert Langdon, el descifrador de símbolos de Harvard, atrapado esta vez en el laberinto de la masonería en Washington.

Pregunta.- Dice hoy el periódico que el Vaticano ha hecho una oferta a los pastores anglicanos para que vuelvan a la la Iglesia Católica al cabo de 500 años...

Respuesta.- Conozco muy bien los detalles, pero es bueno cuando una institución religiosa deja de cerrarse en sí misma e intenta abrazar otras religiones.

P.- La escritora canadiense Margaret Atwood sostiene que la religión ha sido un instrumento de dominación masculina. ¿Usted qué opina?

R.- Tiene su razón. Hace 2.000 años se idolatraba a dioses y diosas. Y ahora ya vemos. Las mujeres tienen los mismos derechos y deberían tener su lugar en la jerarquía religiosa. Es la opinión de un hombre.

P.- ¿Por qué la religión sigue provocando reacciones tan acaloradas?

R.- El hombre ha buscado desde siempre una conexión espiritual con lo divino. La religión es algo que ha surgido en todas las culturas. Incluso si separas a un grupo de gente en una isla, tarde o temprano encontrarán su forma de adorar a Dios. Lo podemos llamar con diferentes nombres, o rezarle de una manera distinta, pero Dios es una constante universal, el símbolo que todos compartimos. Intuyo que hasta los ateos tienen su búsqueda espiritual. En el fondo, se rebelan contra el concepto de un Dios intervencionista.

P.- ¿Le sirvieron las peleas con la Iglesia para vender más libros?

R.- Mis libros han creado un diálogo, y eso ha sido bueno no sólo para las ventas, sino también para la religión. Es cierto, hay quien se ha molestado por 'El Código Da Vinci', y habrá gente que se moleste con 'El símbolo perdido'. Pero así es como se crea debate, ése era mi propósito. No hay peor enemigo de la religión que la apatía. Aunque los jóvenes tienen un sustituto: la tecnología.

P.-¿Es usted cristiano?

R.- Hay dos maneras de ser cristiano en este país. Una es creer que Jesucristo existió, tener un respeto por su mensaje, y vivir de acuerdo con esos principios morales. Otra es considerar a Cristo como tu salvador personal y condenar al infierno a todo el que el no lo crea así. Yo me quedo con la primera.

P.- ¿Le perdonará alguna vez el Opus Dei?

R.- Espero que sí. Nunca imaginé que la descripción de una parte del Opus Dei provocara esa reacción. Silas es un personaje al que nadie quiere, vapuleado por el mundo, que encuentra precisamente el amor incondicional en la Iglesia, en el Opus Dei. Y ahí, como en todas la organizaciones, hay miembros que son buenos y miembros no tan buenos...

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P.- Le acusan de distorsionar los hechos y de falsificar la Historia...

 R.- Es sencillo e intencional: mezclo ficción e Historia en un estilo moderno y limpio. O eso creo. Hay quien disfruta con ello; y quien odia el resultado, pero siempre se puede leer otra cosa. Hay muchos autores que elegir. Y es imposible contentar a todo mundo.

P.- ¿Sufre por las malas críticas?

R.- Ya estoy habituado a las críticas, en cierto sentido, las espero. Cuando haces algo creativo, seas un músico, un pintor o un cocinero, esperas que la gente comparta tu gusto. Yo escribo los libros que quiero leer. Mi intención es escribir libros interesantes, que me hagan aprender en el proceso y que hagan sentir lo mismo al lector.

P.- ¿Qué se siente siendo el autor de mayor éxito del momento?

R.- Intento no pensar muy a menudo en ello

P.- ¿Y el autor más imitado?

R.- Dicen que la imitación es el mejor de los halagos. Así que gracias.

P.- ¿Cómo encajó el mazazo de la denuncia por plagio?

R.- J.K. Rowling pasó por lo mismo y dijo que se sentía como si alguien llamara a su puerta y quisiera apropiarse de su hijo. Es doloroso. Sé que no hice nada inapropiado y que el denunciante buscaba dinero. Pude extenderle un cheque y decirle "piérdete". Pero no va conmigo. Soy un luchador y he ganado todas las denuncias. Lo que hago, lo hago con honestidad.

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P.-¿Le alegró la sentencia a su favor?

 R.- Cuando un tribunal te da la razón y obliga al demandante a pagar todas las costas legales, uno se siente muy bien, ¿por qué negarlo?

P.- Han discurrido seis años entre 'El Código Da Vinci' y 'El símbolo perdido'. ¿Le afectó la presión?

R.- Una de las razones por las que me he ganado la fama de solitario es porque intento huir del ruido que acompaña al éxito comercial. Cuando escribo, escribo. Durante seis años he estado en mi cueva, intentando comprender el mundo de la masonería y otros temas que confluyen en 'El símbolo perdido' y que necesitaban de tiempo e investigación .

P.- ¿Es cierto que a veces se disfraza de turista en sus pesquisas?

R.- Sí. Me calo un gorra de béisbol y me pongo unas gafas oscuras. Si alguien me reconoce, respondo balbuceando unas palabras en ruso y me dicen: "Usted perdone".

P.- ¿Lo de colgarse boca abajo para combatir el bloqueo del escritor también es parte de la mitología Brown?

R.- Es rigurosamente cierto. Lo hago todos los días. Es maravilloso para la columna vertebral y para el riego saguíneo. Y además da una perspectiva distinta del mundo. Ayuda a pensar desde otro ángulo.

P.- ¿Y levantarse de madrugada para escribir no es acaso una variante de la mortificación corporal cristiana?

R.- ¡En absoluto! [se ríe]. No es un sacrificio ni una penitencia. Lo hago desde hace muchos años de un modo natural, sin necesidad de despertador. A veces, pienso que debería dormir más, pero al cabo de unos minutos tengo tantas ideas que no me queda más remedio que levantarme. El despertar es el momento ideal para crear. El mundo de los sueños es lo más próximo a la ficción.

P.- ¿Sabría decir dónde está la frontera entre la literatura comercial y la de calidad?

R.- Yo no pienso en mi trabajo como comercial o no comercial. Insisto: escribo el libro que me gustaría leer y punto. Sé que hay críticos que dicen que no soy Faulkner o Borges... Yo no intento hacer una creación litetaria de altura, sino contar una historia en un estilo actual y transparente. Por cada crítico que dice que no soy Cervantes, hay miles de lectores que están felices por haberles devuelto el placer de leer.

P.- ¿Si tuviera que elegir entre su paisano John Irving o Sidney Sheldon?

R.- Son dos autores muy distintos: John Irving es un escritor literario con mucho talento y Shirley es una autora de ficcción pop. Son muy distintos y los aprecio mucho, a cada uno en su terreno.

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P.- ¿Es cierto que experimentó algo así como una epifanía cuando leyó 'La conspiración del juicio final'?

 R.- No fue tanto como una epifanía, pero sí que resultó todo un descubrimiento. Disfruté mucho y me dije: yo también puedo hacer esto.

P.- Y entonces decidió abandonar su carrera como compositor y cantante.

R.- La música y la escritura libraron siempre un pulso dentro de mí. Me incliné por la música porque me parecía lo más cool, pero descubrí que no era lo mío, que me obligaba a estar demasiado expuesto a los demás. Soy muy celoso de mi vida privada.

P.- ¿Sigue componiendo?

R.- Toco el piano casi todos los días, me relaja. Y también compongo de vez en cuando. El proceso es similar al de escribir una novela: tienes tres o cuatro líneas melódicas o tramas que interactúan. En la escritura, como en la música, hay tensión, templanza, armonía.

P.- ¿Transpiración o inspiración?

R.- Se suda por igual escribiendo o componiendo. Hay mucho esfuerzo detrás de todo lo que se lee sin esfuerzo aparente. En un buen día de trabajo puedo llegar a hacer 10 páginas que, al final, se quedan en tres.

P.- ¿Qué le parecen las películas que han hecho de sus libros? Corre la especie de que no ha quedado muy contento...

R.- Creo que Ron Howard ha hecho un buen trabajo con un material duro. Mis libros son difíciles de adaptar, están llenos de datos que no resultan relevantes en el cine. 'El símbolo perdido' va a ser más difícil, me temo. Esta vez, les llevará más de dos años producirla.

P.- Díganos, ¿qué descubrió durante su documentación sobre la masonería que no sospechaba?

R.- Soy un tipo difícil de sorprender, pero he de reconocer que algunos rituales me dejaron estupefacto. El libro empieza precisamente en un ritual secreto, para intentar causar al lector el mismo efecto.

P.- ¿Y los masones? ¿Cómo han reaccionado?

R.- Las reacciones han sido bastante positivas, aunque no todo el mundo esté contento. En cierto modo, ha pasado como con la historia del Opus Dei: revelé algunos secretos y hay gente a la que no le ha gustado nada. Pero creo que en el fondo los masones salen muy bien parados de esta novela. 

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