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El mar. La mar (R. Alberti)
Lengua y Literatura - Textos comentados
Escrito por Departamento de Lengua y Literatura   
Martes, 08 de Abril de 2008 21:40

El mar. La mar.

El mar. ¡Sólo la mar!  

 

¿Por qué me trajiste, padre,

a la ciudad?

 

¿Por qué me desenterraste

del mar?

 

En sueños, la marejada

me tira del corazón.

Se lo quisiera llevar.

 

Padre, ¿por qué me trajiste

acá?

 

Rafael Alberti, Marinero en tierra (1924).

 

Resumen: El poeta sueña con el mar y pregunta a su padre por qué razón vinieron a la ciudad y abandonaron su pueblo marinero.

Tema: Añoranza del mar (es decir, de su pueblo natal: El Puerto de Santa María, Cádiz).

Organización de ideas: Nos encontramos ante un poema escrito en verso: once versos estructurados en cinco estrofas, separadas por espacios en blanco (cuatro de ellas son dísticos y la cuarta tiene tres versos). Los versos son de arte menor, anisosilábicos (con predominio del octosílabo), y tienen rima asonante en á en el último verso de cada estrofa.

El primer dístico presenta la idea central del poema: el mar. El 2º, 3º y 5º plantean la pregunta al padre: ¿por qué venir a la ciudad, abandonar el mar, venir acá (la ciudad)? La cuarta estrofa enlaza con la idea de la primera: aunque los pies estén en tierra, la mente del poeta permanece en el mar. ¡Sólo la mar!

Comentario crítico: Este poema de Rafael Alberti (1902-1999) pertenece a su libro Marinero en tierra, publicado en 1924 y con el que obtuvo el Premio Nacional de Literatura. En esta obra Alberti presenta el mar como símbolo de pureza y libertad, lugar deseado y añorado al que quisiera regresar. Se trata de una oposición entre su infancia marinera y su juventud urbana, entre el mar y la ciudad.

La métrica irregular y las estructuras paralelísticas sitúan el libro en la línea neopopularista, de recuperación de la poesía de cancionero de los primeros años de la generación del 27, a la que el poeta perteneció como uno de sus miembros más activos. Esta resurrección de las formas tradicionales iniciada en Marinero en tierra la continúa Alberti en La amante y El alba del alhelí. (Su estética cambia en Cal y canto, obra de influencia gongorina, y en Sobre los ángeles, 1929, uno de sus mejores libros, lleno de imágenes oníricas. A partir de los años 30 su poesía se hace más combativa, con una actitud de protesta y denuncia: El poeta en la calle. De la poesía del destierro destacan Entre el clavel y la espada y Roma, peligro para caminantes.)

Lo que sigue a continuación pertenece al comentario del profesor de la universidad de Salamanca, Ricardo Senabre, publicado en la Antología comentada de la Generación del 27, Espasa-Calpe, colección Austral, pp. 330-332:

«Cuando apenas tenía quince años -ha escrito Alberti-, me arrancaron del mar, convirtiéndome para siempre, desde entonces, en un marinero de tierra [...] La nostalgia hecha espuma de aquel mar de mi infancia y años adolescentes se me va a ir convirtiendo poco a poco en canción.» El presente poema es uno de los más representativos de este sentimiento. En el Diario de un poeta recién casado (1916), de Juan Ramón Jiménez, este había escrito: «Tus olas van, como mis pensamientos, / y vienen, van y vienen, / besándose, apartándose, / en un eterno conocerse, / mar, y desconocerse». Los encabalgamientos, la organización sintáctica y los tiempos verbales traducían allí no sólo el vaivén de las olas, su continuo movimiento de avance y retroceso, sino también el vaivén sentimental del poeta en una concreta circunstancia. En el poema de Alberti, las repeticiones alternantes de los dos primeros versos simbolizan el mismo movimiento físico y, a la vez, mediante un sutilísimo artificio, expresan también algo más: el estado de incertidumbre y desasosiego del sujeto lírico. Como es sabido, el sustantivo mar tiene concordancia masculina en la lengua culta moderna, pero, como resultado de la vacilación de otros tiempos, pervive la concordancia femenina en el habla de los marineros y de las gentes del litoral. Alberti aprovecha, pues, la diferencia morfológica para expresar su estado de ánimo. Se trata de un dilema y de una elección. El sujeto lírico -aquí identificable con el poeta- duda: ¿es ya, después de todo, un hombre del interior que ha renunciado a sus raíces originarias? ¿Pertenece al mar -expresión de tierra adentro- o todavía debe sentirse vinculado a la mar, femenino cuya función es la de evocar las raíces gaditanas y, por tanto, la niñez perdida y las ilusiones truncadas? Este balanceo anímico se expresa mediante la alternancia morfológica del masculino y el femenino. El sujeto medita, contrasta, sopesa: «El mar. La mar. / El mar». No hay predominio de una forma sobre otra, ni interrogación; simplemente el vaivén de la duda, que acaba resolviéndose cuando, en el extremo del segundo verso, irrumpe con fuerza la decisión final, excluyente y recalcada por el tono exclamativo del enunciado: «¡Sólo la mar!» Definitivamente, el poeta es, como ya indica el título del libro, un «marinero en tierra», y su primera obra se nutrirá de la nostalgia de lo que fue y de lo que pudo haber sido.

Una vez proclamado el apego a la raíz originaria, brota, como lógica consecuencia, el reproche: «¿Por qué me trajiste, padre, / a la ciudad? / ¿Por que me desenterraste / del mar?». En los cuatro versos se repite el motivo de los dos primeros. La contraposición entre la costa y el interior, expresada antes por la oposición masculino / femenino de mar, aparece ahora con nitidez en la alternancia ciudad / mar; cuyos elementos revelan, además, inequívocamente su correlación gracias a su posición equivalente -al final de sus respectivas secuencias- y con la ayuda de la rima que los une. Además, la conexión de estos cuatro versos con los dos primeros no se logra tan sólo por la reiteración de las nociones, sino por su ordenación análoga: el mar (concordancia «ciudadana» )-la mar (concordancia «marítima») / ciudad-mar. Hay una cuidadosísima composición. Pero esto no es todo. Alberti escribe «¿por qué me trajiste... ?». La elección del verbo denota la absoluta irresponsabilidad del sujeto, sometido a un proceso de desarraigo por la voluntad de quien, como padre, debe ser obedecido. La mención del padre al final del verso obedece a tres razones. La primera es biográfica; responde a una realidad y carece de interés poético. Las otras dos son de distinta naturaleza: por un lado, la mención del padre suscita la noción correlativa del «hijo», ser indefenso, todavía inmaduro, que ha sido arrancado de su ambiente por una voluntad impuesta; por otro, el sustantivo, colocado en el extremo del verso y entre dos pausas, alarga considerablemente el verso y, sobre todo, distancia más las nociones «traer» y «ciudad» -que ya se hallaban en versos distintos- y traduce así físicamente una distancia: la que existe entre la costa y el interior, entre la niñez recordada y la juventud actual, entre las ilusiones intactas y las renuncias y decepciones ya experimentadas. Esta distancia espacial y anímica es también temporal. La elección del tiempo verbal trajiste subraya que, real o sentido, ha transcurrido mucho tiempo desde que aconteció la segregación evocada. A pesar de ello, el sujeto no ha olvidado sus años iniciales y reafirma su voluntad de arraigo en ellos. El recuerdo y la infancia resultan así decisivamente potenciados. La coherencia es absoluta en el interior del poema.

La segunda pregunta -«¿Por qué me desenterraste / del mar?»- se vincula a la anterior por su disposición métrica similar, por la rima y por diversas semejanzas formales en las que no es preciso insistir. La metáfora «desenterrar del mar» sólo en apariencia es incongruente. Lo que se desentierra y se trasplanta son las raíces, y el mar originario -la mar- era la verdadera tierra del sujeto lírico. Se insiste de este modo en el arraigo marinero, y lo anecdótico queda desarticulado por la inversión del orden cronológico de los hechos -ya que primero se evoca el traslado a la ciudad y luego el alejamiento del mar- y porque todo se centra en una queja íntima sin el más leve asomo narrativo.

«En sueños, la marejada / me tira del corazón. / Se lo quisiera llevar.» Se sueña lo que no se posee y, tal vez, lo que se desea. En conexión con las nociones marítimas anteriores, la marejada -con su acepción de «resaca, corriente que arrastra hacia el mar»- «tira del corazón». Es decir: la fuerza de los recuerdos del mar -y de lo que el mar representa en este mundo poético ya maduro-- arrastra los sentimientos y los afectos -que tradicionalmente hacemos residir en el corazón- hacia la infancia perdida. Pero no es más que sueño. La forma verbal en subjuntivo -quisiera- delata que se trata de algo irrealizable. De ahí que brote la tercera apelación al padre, reproche encubierto que reitera con mínimas variantes la primera pregunta del poema, de acuerdo con la técnica paralelística aprendida en los cancioneros, en la lírica tradicional y en poetas como Gil Vicente.

Conclusión: El uso de un vocabulario sencillo, de exclamaciones, de repeticiones... sitúan este hermoso poema en la línea de la poesía cancioneril de la lírica española de los siglos XV y XVI. Alberti acierta con la forma idónea para expresar la nostalgia del mar de su infancia, de ese mar conocido y vivido -el de la bahía luminosa de El Puerto de Santa María-, y que se convierte desde su obligado traslado a Madrid en un "paraíso perdido" que sueña recuperar: "Yo nací junto al mar. Yo sigo siendo un poeta del mar."

© Juan Manuel Infante Moraño.

 

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